Música militar para la juventud psíquica (histeria e historia de Throbbing Gristle)

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foto Fernando por DAVID KATTÁN
Por: Fernando Escobar Páez

La música industrial es una psicodelia invertida, una psicodelia que reemplaza la poética celestial por el vertiginoso fulgor de las entrañas del abismo cósmico.

SIMON REYNOLDS

Se tiende a asociar el uso de imaginería nazi con el punk y tribus urbanas derivadas, quienes reciclaron la esvástica no como parte de un discurso político sino por su potencial transgresor en una sociedad –la británica en específico- que veía como héroes a quienes lucharon contra las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Reivindicar lo nazi como estética válida fue una forma de desacralizar los presuntos logros de las generaciones anteriores, cuestionar los valores patrios y al capitalista liberal que emergió fortalecido tras la gran guerra.

Como reacción al fracaso del punk, atrapado en sus propias contradicciones y muerto tras su rápida asimilación por la industria musical mainstream, surgieron algunas corrientes disidentes y bastardas que sí se apropiaron de discursos y prácticas fascistoides, como el White Power Skinhead, pero no es de ellos de quien me interesa escribir. Considero mucho más extrema, creativa y culturalmente inquietante, la relectura del fascismo que hicieron un grupo de hijos lisérgicos del flower power, juguetes rotos de la utopía hippie, cuyo fracaso fue mucho más estrepitoso y patético que el del cada vez más dócil punk.

La nueva tendencia quedaba lejos, pero era tan polémica y escalofriante como cualquier faceta del punk, que ya se consideraba entonces como el nuevo Sistema.

JON SAVAGE

Los lectores pensarán tal vez que este artículo va de Charles Manson, pero ese pequeño tirano sociopático tampoco me resulta intelectualmente estimulante. Quienes sí me atraen e intrigan son los ex hippies comandados por el transformista –actualmente panandrógina- Genesis P-Orridge que dieron forma a Throbbing Gristle, la primera banda de música industrial.

Throbbing Gristle empieza a funcionar oficialmente a mediados de 1975, antes de que explotara la burbuja punk, a la cual decían despreciar profundamente, pese a que la apoyaron en su fase primigenia, en el cual las vanguardias artísticas ponían a prueba los límites de lo socialmente aceptable durante los estertores de la era liberal previo a la consolidación de la nueva derecha thatcheriana –enemiga de las subvenciones a las actividades artísticas- que ya se podía vislumbrar.

La fuerza del arte de la performance estaba en que podía funcionar como una lupa. Significaba la reducción total al momento crítico que hay entre estar vivo o estar muerto, en el que uno se siente completamente vivo pero a la vez amenazado. Esto es exactamente lo que era el punk en sus inicios: había la misma percepción.

GENESIS P-ORRIDGE

El nombre de la banda proviene del argot callejero de Yorkshire y significa “pene erecto”, nace cuando dos artistas conceptuales extremos, Neil Andrew Megson, un ex estudiante de administración social, y Christine Carol Newby, secretaria y actriz porno ocasional, decidieron que los espectáculos teatrales que montaban bajo en nombre de COUM Transmissions merecían un público mayor que la restringida escena del arte contemporáneo, la cual asistía escandalizada a performances subvencionados por el Estado británico mediante becas del Arts Council, donde Genesis P-Orridge –nombre artístico de Megson- se ponía cabezas mutiladas de gallina sobre su pene para masturbarse o era sodomizado –strapon fucking mediante- por Cosey Fanni Tutti –nombre artístico de Newby- quien luego repartía entre en el público sus tampones usados.

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¿Cómo llegar con una propuesta tan sórdida y escatológica a una mayor audiencia? Fácil: convirtiéndose en estrellas pop sin talento musical alguno pero con un potente mensaje de dominación y terrorismo psíquico, pensaron.

Desde un inicio sus espectáculos teatrales ya incluían una cortina musical bastante abrasiva que buscaba perturbar sensorialmente a los espectadores, pero para convertirse en estrellas pop necesitaban de cómplices que funjan como sucedáneos de músicos. Los encontraron en dos entusiastas ex seguidores de Pink Floyd, Chris Carter y Peter  Christopherson. Ambos abandonaron su gusto por el rock psicodélico floydiano convencional y se acercaron a Throbbing Gristle por razones poco musicales: Carter estaba interesado en sacar provecho a su empresa de efectos visuales y luces, mientras que a Christopherson, diseñador gráfico de profesión, le obsesionaba el performance sexualmente explícito de la dupla compuesta por P-Orridge y Tutti.

Cabe señalar que la relación entre rock psicodélico y el proyecto de música “trash postpsicodélica”, como se autodefinieron en un primer momento, venía de larga data: el mismo Genesis P-Orridge en su adolescencia fue seguidor de The Doors, Frank Zappa y Captain Beefheart.

La lógica Do It Yourself, o DIY, asociada comúnmente con el punk, ya estaba presente en Throbbing Gristle, quienes montaron su propia fábrica de armas de destrucción masiva en forma de casa discográfica, Industrial Records:

La palabra “industrial” hacía referencia a la manera en que la banda manufacturaba ruido. (i.e.: como si se tratara de una cadena de producción). La palabra “records”, por otro lado, jugaba con un significado doble: evidentemente refería a los LP y a los singles, pero también apelaba a la idea de “archivos y documentos”. Throbbing Gristle veía sus ediciones como una serie de informes desapasionados sobre “las salvajes realidades del capitalismo desfalleciente.

SIMON REYNOLDS

Lo DIY también se manifiesta en cómo Throbbing Gristle –en específico Carter, el único integrante del grupo con habilidades más allá de la provocación y el discurso- construyó algunos de los instrumentos musicales más desopilantes que luthier endemoniado alguno haya imaginado jamás: teclados de una sola octava cuya función era desencadenar simultáneamente el accionar de decenas de casetteras con cintas de conversaciones callejeras, pianos usados como baterías, violines rotos, guitarras travestidas como sintetizadores. Todos estos instrumentos estaban conectados a múltiples pedales de efectos.

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El propósito de la banda era crear sonidos capaces de hacer convulsionar y, de ser posible, colapsar los esfínteres del oyente a través de una sesión de tortura sonora a la que denominaron “música metabólica”.

Durante sus presentaciones en vivo, el ruido industrial y la monocorde voz de los discursos de P-Orridge iba acompañado de gritos agudos, luces estroboscópicas apuntadas al rostro de los espectadores, bombas de olor pestilente y descarga pública de fluidos corporales por parte de los artistas (más claro, GG Allin no inventó nada, aunque los Throbbing Gristle tampoco: defecar en público ya fue puesto en boga por los accionistas vieneses durante la década de los 50’s).

La gente cree que la música es solo para los oídos, se olvidan de que alcanza toda la superficie del cuerpo, los poros, las células, que afecta a los vasos sanguíneos.

GENESIS P-ORRIDGE

Como veremos más adelante, las investigaciones de “música metabólica” que realizó la banda en ocasiones fueron demasiado lejos y tuvieron un efecto fisiológico nocivo –y esotérico- en algunos de sus desafortunados oyentes involuntarios…

Los Throbbing Gristle usaron para el arte de sus discos imágenes de la visita de P-Orridge al Konzentrationslager Auschwitz, cadáveres frescos, alusiones a la pederastía y de Beachy Head, un peñón a orillas del Canal de la Mancha muy frecuentado por los suicidas británicos (esto último resulta una broma mal hecha, pues el mismo Megson intentó suicidarse algunas veces y ya como P-Orridge se jactaba de haber recibido una de las últimas llamadas telefónicas de su amigo Ian Curtis, quien –siempre según P-Orridge- le cantó por teléfono una de las canciones de Throbbing Gristle antes de él mismo convertirse en un péndulo humano).

Entender al mal como parte intrínseca de la libertad individual y como agente desestabilizador, llevó a P-Orridge a idolatrar a Charles Manson y a la pareja de asesinos seriales Ian Brady y Mira Hindley, “Los asesinos de los páramos” (a quienes no solo Throbbing Gristle dedicó una canción; también lo hicieron Public Image Limited de John Lydon y The Smiths de Morrissey).

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Throbbing Gristle, posando en Beachy Head para la imagen de portada de su disco 20 Jazz Funk Greats (el cual no tiene nada de jazz ni de funk y mucho menos “grandes éxitos”).

Todo esto en una época donde las rígidas militancias de izquierda en las que se habían encasillado los primeros grupos postpunk entraba en conflicto con la provocación extrema de los Throbbing Gristle, cuyos shows empezaron a ser saboteados en nombre de lo políticamente correcto:

Había tantas cosas que no debía uno ser –sexista, racista, infiltracionista, rockista– que las negativas aniquilaban cualquier posible join de vivre… La hostilidad entre los pseudoartistas y los defensores del realismo social había por entonces quedado ya bien definida: a lo largo de aquel año -1979-, los pseudoartistas se subdividieron en rigurosos, obsesionados por el pop, y aquellos que llevaron el análisis a la parte más oscura de la humanidad. La hostilidad se desató entre estas subdivisiones: un concierto de Throbbing Gristle en el London Film Co-op, en julio, acabó en una batalla campal entre el grupo del escenario y varios miembros de las Slits y las Raincoats. Había un absoluto conflicto de ideologías.

JON SAVAGE

Me permito saltarme la consabida enumeración / descripción de la discografía de Throbbing Gristle (para eso tienen Wikipedia, no jodan) y adentrarme en lo que me motivó a escribir este artículo: la interpretación del discurso fascista llevado a la praxis por la banda.

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P-Orridge se percató de que sus shows atraían a fanáticos realmente perturbados e influenciables -tanto a favor como en contra de la banda- y se propuso crear su propio batallón de Robert’s Paulson (Chuck Palahniuk, “The fight club” dixit): un grupo artístico / terrorista de gente dispuesta a vivir en comunidad mientras socavaban las bases del establishment (más adelante los punks anarquistas de Crass harían algo parecido, pero como mayor coherencia y compromiso político hasta el punto de ser responsables de provocar incidentes diplomáticos al más alto nivel durante la Guerra de Las Malvinas, pero de eso escribiré en otro momento).

Para ello, Industrial Records, “música industrial para gente industrial”, hizo circular volantes con la siguiente invitación:

¿Quieres ser un Guardia Terrorista completamente equipado? ¿Estás listo para la acción? Asume Concentración del Poder. NADA QUE NO SEA UNA GUERRA TOTAL. ¡GUERRA NUCLEAR YA! Entonces pide el catálogo de armas, ropa de gala y los kits e indumentaria de supervivencia disponibles.

En su adolescencia, marcada por el bullying y la enfermedad, P-Orridge –por entonces todavía Neil Megson- se integró la comuna de artistas hippies Transmedia Explorations. De esta experiencia sacó el concepto de “decondicionamiento”: la destrucción de rutinas, roles, obligaciones, nociones de propiedad e individualidad en la vida cotidiana como vía para alcanzar la pureza… suena como a una especie secta que busca acelerar el fin del mundo y eso es lo que anhelaba P-Orridge, muy influenciado por las lecturas del ocultista Aleister Crowley y por su contacto con el performance sadomasoquista Monte Cazzaza, quien se convirtió en el quinto miembro de la banda. También fueron decisivas las conversaciones que mantuvo con Brion Gysin, pintor místico mentor del escritor William S. Burroughs y con este último mismo, a quien P-Orridge le escribió el prólogo para la primera edición en español de uno de sus libros menos difundidos, el Manual revisado del boy scout:

Como es natural, mi mente joven y rebelde se sintió intrigada y excitada. ¡Me pareció una idea maravillosa crear un manual anarquista falso y paródico que procediera de aquellos pilares de la estabilidad y el conformismo puritano, los Boys Scouts!…

…se podía considerar una incitación a la agitación social, un manual de desobediencia civil, y hasta lo que hoy se podría calificar de incitación a la insurgencia surrealista y bastante extraña de corte dadá. A fin de cuentas, es un compendio de formas grotescas a cargarse la infraestructura de una pseudodemocracia algo ridícula pero aun así hipócrita, deshonesta, llena de prejuicios, injusta, económicamente desequilibrada, dogmática, dividida en clases, elitista, opresiva, anticuada y arrogante, un país desunido, lleno de desigualdades y SIN carta de derechos, entre una letanía mucho más larga de pecados y defectos. Y para rematar esa crítica y su menú de formas de destruir un país, el estribillo es “A TOMAR POR CULO LA REINA”. Un eslogan anterior a las denuncias a mis postales supuestamente “pornográficas” de 1970-1975, a la reina con imperdible que creo Jamie Reid en 1977 y al himno del jubileo de los Sex Pistols.

GENESIS P-ORRIDGE, en el prólogo que escribió para el libro de
WILLIAM S. BURROUGHS

Emprendieron una cruzada contra un grupo de vagabundos, presuntamente romaníes que acampaban en las cercanías de la sede de la banda, ubicada en East London. En su delirio paranoide chamánico, P-Orridge hizo pintar las ventanas de negro y rodeó su bunker con alambre de púas para defender su propiedad privada (sic). Consideraba a los vagabundos como subhumanos y los acusaba de ser responsables de una supuesta ola de criminalidad que azotaba el barrio.

Tras pedir en vano ayuda a la policía, decidió aplicar una “solución final” (sic) al problema dirigiendo frecuencias infrasónicas de uso militar contra el campamento de los “gitanos”. Estas ondas sonoras correctamente enfocadas son capaces de provocar mareos, náuseas y alterar los patrones del sueño. Tras sufrir dicho tormento, los vagabundos se alejaron, pues decidieron que la zona estaba embrujada.

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Este performance grotesco y poco humanitario pone en evidencia el doble rasero del discurso público de P-Orridge: por un lado, quiere demoler los cimientos de la sociedad y exige libertad, pero ante el primer inconveniente solicitó la ayuda de la institución más rancia de la sociedad que dice despreciar: la policía; por otro, se queja de la desigualdad económica y de los prejuicios, pero desprecia al migrante pobre y lo atormenta.

¿Cómo sucumbió Throbbing Gristle, una banda de criaturas producto de los sesenta y sus ideales libertarios, a esta fascinación por el fascismo? A decir verdad, hay toda una zona resbaladiza en la que el anarquismo (o al menos ese tipo de anarquismo libertino y libertario que, más que con los consejos obreros, tiene que ver con un individualismo casi solipsista y un hedonismo sin ley que no admite restricción alguna) se invierte hasta convertirse en un curioso aprecio y una extraña afinidad con ciertos afectos del nazismo. El punto de convergencia entre ambas cosmovisiones se da gracias a ese lado gnóstico del nazismo preocupado por lo pagano y lo primordial. Las investigaciones de P-Orridge alrededor de cultos y las sociedades secretas lo habían llevado a toparse con libros que se ocupaban de las obsesiones de los círculos más altos del nazismo como el ocultismo, la alquimia y la búsqueda del Santo Grial.

SIMON REYNOLDS

La mistificación fascistoide –los delirios chamánicos donde P-Orridge se convirtió en líder de su secta autocreada- de la realidad histórica y cultural –P-Orridge acusando de ser gitanos a los vagabundos- radicaliza un discurso de seguridad –P-Orridge quejándose de la inseguridad de su barrio y de la inacción de la policía- en orden a justificar un control general de la población mediante el ejercicio del biopoder (concepto foucaltiano que me da pereza ponerme a desenredar ahorita) y de la violencia –P-Orridge usando frecuencias intrasónicas para castigar a quienes juzga como racialmente inferiores y peligrosos para su vecindario burgués.

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Que una estrella de rock actúe como un profeta delirante que anuncia el devenir de una nueva era no era algo nuevo en los setentas. Los Throbbing Gristle vieron como Jim Morrison –admirado por Megson antes de convertirse en P-Orridge- y John Lennon se convirtieron en referentes espirituales para toda una generación gracias a discursos lisérgicos que alternaban entre el malditismo meramente decorativo / autodestructivo y discursos antisistema enunciados desde el pacifismo más frívolo (recordemos la protesta “contra el sistema capitalista y la guerrra” de Lennon y Yoko Ono sobre una amplia y mullida cama blanca, la cual fue previamente destendida por su mucama para que la imagen parezca más natural el momento en que llegaron los fotógrafos de los medios convocados para “la protesta”).

El ex hippie P-Orridge quería ir más lejos que sus antiguos ídolos y recurrió a discursos realmente incendiarios, pero de tanto decorar el escenario de la revuelta que prometía Throbbing Gristle terminó siendo -en lo discursivo- igual de contradictorio y fatuo que el rock star promedio. Las acciones de Throbbing Gristle parecían encaminadas a crear un mini régimen del terror donde P-Orridge se erigió como mesías neo hitleriano cuyo costado esotérico es la expresión de una práctica de dominación totalitaria anhelada que alcanza su locución más depurada en el single “Discipline”, cuya portada muestra a la banda posando alegremente frente al ex Ministerio de Propaganda del Tercer Reich.

Pero no será con Throbbing Gristle donde P-Orridge despliegue con mayor virulencia su discurso chamánico autoritario… a raíz de su ruptura sentimental con Tutti y dada la cada vez mayor injerencia de Cazzaza, la banda se acercaba a su desintegración, la cual se produjo en 1981, tras lo cual P-Orridge fundó Psychic TV, brazo musical de Thee Temple ov Psychick Youth (con solo ver la grafía ya se darán cuenta de que P-Orridge ahora quería competir con Aleister Crowley y crear su propia Thelema), historia que junto con la modificación corporal cada vez más extrema a la que se sometió Genesis P-Orridge y el efímero regreso de Throbbing Gristle contaré en otro artículo más adelante. FAY ÇE QUE VOULDRAS.

Bibliografía recomendada por Efra Páez y su gato Teobaldo Carabalí:

FORD, Simon. Wreckers of Civilisation: The Story of Coum Transmissions & Throbbing Gristle. 1999. Blag Dog Publishing. London.

KEENAN, David. England’s Hidden Reverse: A Secret History of The Esoteric Underground. 2002. Strange Attractor Press. London.

LAPIDARIO, Josep. La balada de Genesis y Lady Jaye, dos cuerpos fundidos en uno. Jot Down Magazine. Recuperado desde https://www.jotdown.es/2011/12/la-balada-de-genesis-y-lady-jaye-dos-cuerpos-fundidos-en-uno/

P-ORRIDGE, Genesis. Una profecía peligrosa. Prólogo a Manual revisado del boy scout, de BURROUGHS, William. 2016 (1970). La Felguera Editores. Madrid.

REYNOLDS, Simon. Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo. 2013 (2005). Caja Negra Editora. Buenos Aires.

SAVAGE, Jon. England’s Dreaming: Los Sex Pistols y el punk rock. 2017 (1991). Penguin Random House. Barcelona.

SERRANO, Miguel. El cordón dorado. Hitlerismo esotérico. 1978. Edicioneself. Santiago de Chile.

SERRANO, Miguel. Adolf Hitler. El último avatara. 1982. La Nueva Edad. Santiago de Chile.

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